jueves, septiembre 25, 2008

Ciencias de la Comunicación, Sin comunicación.


Ciencias de la Comunicación, sin comunicación.

‘Aulas calurosas, aulas heladas, escalones sueltos, paredes estropeadas, falta de luz, agua y gas, pésimas instalaciones eléctricas, baños inundados e inmundos, bajos o nulos salarios para profesores y ayudantes. Y lo mas triste… falta de comunicación entre nosotros mismos.’

Son muchos los mitos y leyendas que han surgido en torno a la cuestión edilicia de la Facultad de Sociales de la UBA. En este caso les voy a contar como se vive desde adentro. Sin supuestos, sin entrevistas ni testimonios. Se los voy a relatar yo misma… estudiante de la carrera de Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales, sede Ramos Mejia.

Este edificio se habilitó como sede de la facultad para la descompresión y el ‘deshacinamiento’ de la otra sede por esos años existente, Marcelo T. Ramos se consiguió gracias a la lucha de miles de estudiantes y de profesores que tardaban tiempos increíbles en llegar a sus aulas para las clases de las 19 hs debido al gran flujo de gente que circulaba por allí en esos días.
Claro que no fue la solución ideal -esta seria la creación de un verdadero edificio único para la comunidad de Sociales- pero fue para sacar las papas del fuego.

El problema es que los años pasan, y el Estado nuevamente demostró –y nos sigue demostrando- que la educación no es prioridad en su agenda. Se olvidaron de que como todo edificio que funciona como facultad, necesita la cantidad suficiente de inversiones para ser un lugar habitable; y vean que hablo de HABITABILIDAD y no de LUJO.

Aulas calurosas, aulas heladas, escalones sueltos, paredes estropeadas, falta de luz, agua y gas, malas instalaciones eléctricas, baños inundados e inmundos, bajos o nulos salarios para profesores y ayudantes. Y lo mas triste… falta de comunicación entre nosotros mismos.

En este punto me quiero detener y repito, como estudiante de la Carrera de Comunicación, más allá de la cuestión edilicia y presupuestaria vivencio un problema clave: nos esta fallando la comunicación.

Hace unos días en una de mis clases semanales un profesor de prácticos nos informó que la persona encargada del teórico decidió, a su piaccere, exponer otros temas diferentes de los pactados. Mi profesor estaba indignado no por el cambio de planes, si no porque no le avisaron nada. ¿Consecuencia? Los alumnos tendrán que entender el tema por su propia cuenta, porque no se puede sacar del programa.
Y esto no es algo que pase en esa cátedra, en esa comisión. Es muy común ver esto, muchas cátedras con corto circuito en la planificación de las actividades y los alumnos pagando los platos rotos. Ojo, hay muchas salvedades, no quiero decir que siempre pase. Pero si es muy habitual.

Otra cuestión con respecto a esto… Cada vez que hay paros justamente por estas peticiones de un lugar y presupuesto digno para estudiar, nosotros, los alumnos, nos abombamos a e-mails y mensajes de texto para suponer si nuestros profesores adherirán o no al paro. Yo les agradezco profundamente a aquellos profesores que brindan su e-mail y mantienen vivos los canales de comunicación para informar sus decisiones. Pero lamentablemente estos casos son las excepciones.

Y voy a concluir con este tema de la comunicación, con la humilde esperanza de generar una reflexión: ¿Cómo es posible que con estos difíciles momentos que estamos viviendo de la continua toma del edificio como signo de lucha no podamos ponernos de acuerdo entre nosotros mismos, los profesores y las autoridades acerca de la manera mas sana de llevarlo a cabo? Están los militantes, los anti militantes, los que se angustian, los que se ponen felices con la toma porque se quedan en la casa, los profesores que adhieren a clases públicas, los que ni locos lo hacen, los que en medio de las Asambleas se ponen a hablar de cuestiones que nada tiene que ver con el tema que nos compete, etc., etc., etc. Tenemos que respetar los tiempos y las formas en las cuales las decisiones se van a tomar, no es posible en una Asamblea por el edificio único ponerse a discutir acerca de las diferentes agrupaciones políticas de la facultad, y mucho menos de temas de interés a nivel país o a nivel internacional. Seamos prácticos, vayamos por partes. Si no siempre ocurrirá lo mismo, nuestra actual preocupación edilicia y presupuestaria se seguirá diluyendo.

¿Es esta la manera de ejercer el rol de comunicólogos? ¿No deberíamos de una vez por todas unirnos en la lucha por esta causa común dejando los matices de lado? Si nosotros no peleamos por lo nuestro, evidentemente, nadie más lo hará.

Comuniquémonos con éxito. Glorifiquemos nuestra vocación.

lunes, septiembre 01, 2008

-Estación Central de Brasil-



En esta controvertida historia se entremezclan diferentes personajes que comparten las mismas cuestiones a las cuales la mayoría no le somos ajenos: problemas personales y sociales, pobreza, frialdad de sentimientos, sufrimiento, etc. Podríamos decir: la cara más cruda de nuestra cotidianeidad.
Dora es una mujer que un principio aparenta carencia de amor y de afectos, siendo su trabajo el de escribir cartas a gente analfabeta en la estación central de Brasil. Esas cartas difícilmente encuentran su destino, ya que el disfrute de esta mujer es el de romperlas – o en su mejor caso archivarlas – en el regreso a su hogar.
Pero su vida va a dar un vuelco de 180° cuando Josué aparezca en su vida. Este niño que pierde a su mamá frente a Dora en un accidente en la calle, es de un carácter fuerte y decidido, muy similar al de esta mujer.
Entre idas y vueltas la protagonista toma una decisión apresurada e interesada con el niño. Lo vende a unos farsantes hasta que su conciencia la perturba tanto que lo rescata para llevarlo al encuentro con su padre el cual el niño nunca había conocido.
Juntos emprenden el viaje en busca de este hombre y en el trayecto aprender a respetarse y a valorarse ya que compartían la misma característica: no tenían a nadie más que ellos mismos.
Fuerte y conmovedora, Estación Central nos recuerda que la gente muchas veces forma su carácter por los golpes que ha ido recibiendo a lo largo de su vida, pero también nos deja la reseña de que con voluntad y fortaleza se puede seguir adelante aprendiendo a convivir con la realidad que a cada uno le tocó.
El desenlace es esperanzador. Josué no logra encontrar a su padre pero sí a sus dos hermanos mayores con los cuales se queda a vivir, y Dora con su espíritu fortalecido y renovado por esta experiencia comprende, -ya a una avanzada edad- que puede dejar atrás su desafortunado pasado para iniciar una nueva vida. Más cálida, feliz y desinteresada.

sábado, agosto 30, 2008

-Versión final de la entrevista- La ciudad de la Furia...

Les dejo la versión final de mi relato...





La Ciudad de la Furia.

Esa mañana me levanté, y era un día de invierno como cualquier otro. Me asomé por la ventana y hasta el canto de los pájaros estaba sedado por el frío. Entré a la cocina para tomar mi café ritual de las mañanas y me senté… Sola. Y desayuné; sola. El sentimiento de soledad lo sentía punzante por las mañanas. Extrañaba aquellas mañanas compartidas con él. Pero ojo, solo las mañanas. En el resto de las cosas estaba mejor así…
Tomé mi agenda para recordar que tenía que hacer ese día y allí estaban:
8.30 hs: Oficina
14 hs: dentista
18 hs: Lucila.
¿Lucila? Uy, prácticamente lo había olvidado. Quede en encontrarme con ella en el café de la esquina de su casa porque me dijo que tenía novedades de Gaby, mi entrañable amiga Gaby. Ella se había mudado a Misiones en busca de tranquilidad y “paz interior”. Y yo desde hacía tres años que trataba de continuar con nuestro vínculo a pesar de la distancia. Guardo los mejores recuerdos de ella. Fue la que supo estar en los momentos más difíciles de mi vida, y la única que siguió al lado mío a pesar de mis angustias. El resto de mi grupo de amigas cuando más las necesité desaparecieron ocultándose en sus quehaceres del hogar. Pero Gaby no, siempre estuvo ahí.

La tarde pasó como todas las otras, el tráfico insoportable, la gente dando codazos para subir y sentarse más rápido en los colectivos, nada que no ocurriese a menudo. Llegaron las seis de la tarde y yo me senté puntual en la mesa más cercana a la puerta para verla entrar. Y la vi. Siempre con su fuerza inquebrantable, característico de los genes de la madre. Siempre coqueta, arreglada y sagaz… Me aproximé a la puerta y la saludé agarrándola de la mano para que no vaya a tropezar con nada. En ese preciso momento nos sentamos y la miré tratando de encontrarme con su mirada, lo cual desde hacía ya dos años que no podía hacer. Esa maldita enfermedad –por cierto sin diagnóstico aparente- le nublaba la vista, al punto de hacerla percibir tan solo algunas formas o colores bien de cerca. Dos meses atrás de la noche a la mañana despertó sin poder ver prácticamente nada. Este mismo episodio lo había vivido un año antes justo en la misma época. ¿Curioso, no?
En fin. En esa internación estuve junto a ella porque su abuela ya era muy anciana y no toleraba sobresaltos, y además lo hice como mi amiga lo hubiera hecho por mí. Testaruda e hiperactiva como la mamá, Lucila se rehusaba a quedar internada, a hacer reposo y a escuchar por horas la televisión. Pero era necesario ya que los médicos necesitaban examinarla con la más exacta minuciosidad para lograr dar con el diagnóstico y así aplicar la medicina adecuada. Pero nada de esto ocurrió. Veinte días más tarde la llevé a su casa y la dejé con la misma energía de siempre pero con el sentido de la vista prácticamente destruido. Al verla se me fruncía el corazón… Pero no por lástima hacia ella, si no por la vergüenza que sentí de mi misma. Yo con 30 años más estaba muy lejos de esa fortaleza de espíritu.

-: ¿Cómo va eso Lu?
-: ¡Bien, muy bien por suerte! Tengo noticias para vos, hablé anoche con mamá y quiere volver…
-: ¿En serio? ¡Qué felicidad! ¿Cómo se lo tomó tu abuela?
-: Mmm, no le conté, esperaba que se lo cuentes vos…
-: ¿Vos sos loca? ¿¡Yo!? … No, de ninguna forma. Tu mamá es grande, si no quiso avisar por algo será…
-; Si ya se, pero mi abuela no para de decir que mas le vale que nunca vuelva, por traicionera, por habernos abandonado.

Una semana más tarde Gaby me llamo para darme la noticia ella misma. Lo extraño fue haberla escuchado tan triste y apagada. Creí que si había tomado la decisión de regresar era porque lo deseaba… pero su voz me decía lo contrario.
Me pidió que estuviera ahí cuando ella llegara, para alivianarle un poco el regreso, y para que el clima se distienda…

Días después me encontré parada en su casa, siempre con ese olor tan distintivo que me traía imágenes del pasado. Era la misma casa que yo frecuentaba desde pequeña, la cual había dejado de visitar hacía bastante tiempo, más exactamente desde que Gaby tomó la decisión de irse a Misiones… Su madre siempre creyó que su partida había sido culpa de mi influencia; nada más alejado de la realidad.
La esperaba ansiosa tomando mates con su hija y con su madre para ponerme un poco al tanto de las noticias.
Durante la espera, en mi mente se apretaban las mil y una preguntas posibles para hacerle a mi amiga, quería saberlo todo. Pero si hay algo que en estos años aprendí fue a intentar vencer mi ansiedad, porque así la gente se te aleja.
De todas formas me preocupaba como me fuera a encontrar Gaby. Después de tantos años…
¿Me verá rejuvenecida o más avejentada? ¿Tendremos tema de conversación? ¿Estará muy distinta? ¿Sería posible que después de tantos años nuestra amistad siga funcionando?
A la vista esta que de nada sirvieron tantos años de terapia para la lucha contra la ansiedad…

Para mi este encuentro era importante. Tenía la esperanza de que este reencuentro me devuelva una compañía, alguien con quien compartir mis cosas.

A la media hora llegó. Cansada, hastiada de tanto viaje. Por la cara de sorpresa comprendí que había olvidado su pedido hacia mí; de todas formas rápidamente se puso a acomodar todo y colocó la pava en el fuego, como en los viejos tiempos.
La miró a su madre, quien no podía disimular su cara de resentimiento, y Gaby se acerco a abrazarla. La anciana solo amagó un recibimiento del mismo.

Luego nos sentamos, ella frente a mi, nos miramos, nos examinamos. Nuestros ojos se posaban en la otra tratando de redescubrirse, notando los cambios y reconociendo esas cositas que ni el tiempo te mata… Fueron cinco segundos, o tal vez muchos menos, pero pareció toda una eternidad. Nuestros rostros fueron viviendo diferentes transformaciones. Primero de sorpresa e inquietud, después de ternura y fue terminando en risas y llantos de emoción. Había tanta historia en esas miradas… Tantos puntos de conexión entre las emociones vividas en tan disímiles circunstancias. Y claro, nos paramos y nos abrazamos, fue instantáneo.

El agua para el mate estaba lista. Su mamá se fue, no estaba dispuesta a hablar con su hija, y menos adelante mío. Pero Lucila se quedó… Mientras los mates iban y venían me contó toda clase de aventuras, clima y selvas, tucanes y serpientes, plátanos y guaraní.

Gaby:- Allá el clima, la flora y la fauna es de selva amazónica y bosque subtropical. Antes de irme me moría de miedo de los bichos que pudiese encontrar, pero cuando llegué enseguida se me fueron. El pueblito llamado Puerto Piray era mi nuevo hogar. Llegué hasta ahí por un contacto del jardín de infantes, en el que trabajé toda mi vida acá en Buenos Aires. En este pueblo hay casas destinadas para gente como yo que busca paz, armonía y contacto con la naturaleza. Todos en la misma situación… laburantes, gente de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, etc. Si ves ese paisaje te morís, no sabes lo que es. Las casitas están distribuidas en la base y la cima de un cerro.
Por primera vez en mi vida descubrí la naturaleza, si, a mis 40 y largos. Nunca te aburrís, siempre había algún arroyito, algún nido de tucanes, limoneros, mangos. De todo.

(A todo esto, Lucila se veía un poco incómoda con el relato de su mamá, tenía una mirada de recelo.)

Nuestra conversación continuó… Mates van, mates vienen. La tele prendida, el horno encendido, la radio sonando de fondo.

Yo:- ¿Y te hiciste amigos allá? ¿Te hicieron sentir cómoda?

Gaby: - Si, totalmente. Muy diferente la gente de allá de la de acá. Acá estamos en quinta todo el día. Allá arrancan a la mañana en tercera y después del mediodía bajan a segunda o primera. Es otro ritmo. Y mis relaciones con la gente fueron de todo tipo y en todo ámbito. En Misiones logré retomar mi trabajo como maestra y conocí mucha gente. Mucha. De todos lados, ya sea gente nativa de la zona, gente en la misma situación que yo. Y bueno la mezcolanza es importante. Hay mezcla de cultura aborigen con cultura polaca y alemana. En el pueblo la gente es pobre, pero no indigente, no se mueren de hambre porque son ricos.

Yo: No te entiendo.

Ella:- Claro, tienen la tierra y el conocimiento. Esa es su riqueza. Vos cualquier cosa que tiras al piso crece. Todo crece. Y se curan, se curan sin médicos ni cosas sofisticadas. Se curan con sus plantas medicinales. Y de los alemanes y polacos tienen la herencia de las chacras propias. Todos tienen su espacio para sembrar y cosechar lo que se les de la gana. ¡En ninguna casa falta la mandioca!
Lo que si se perdió fue la pesca. Con toda esta cuestión de las papeleras arruinaron el Paraná. Es muy común ver a los chicos con sarpullidos y cosas raras en la piel. A mi misma me paso con mis alumnos. Un desastre. Pero esa no es la gente viste… ¡Son ellos!

Yo:- ¿Ellos quienes?

Ella:- Los políticos, los empresarios… Hacen plata a costa de la salud de la gente. Horrible. Pero viste… Todo en algún momento vuelve.

Miraba a mi amiga, y notaba cambios, todo lo que me contaba me extrañaba… Porque siempre ha sido una luchadora pero se ve que esta experiencia la acercó a otras realidades que hicieron más profundo su instinto de lucha.
Y después de tantas idas y vueltas en el relato y tantos recuerdos a flor de piel se fue quebrando…

Gaby:- Yo vivía tranquila viste... Sin ruidos. Me asomaba por la ventana y veía el cerro, los arroyos, el río. Nada de escuchar el 21 ni el 60. Allá los chicos se manejan solos... Me olvidé de los relojes. Completamente. El día lo marcaba el sol y el calor. A la tarde si o sí parabas, el calor te exigía parar.
Pero bueno, viste como están las cosas acá… Después de casi 6 años viviendo allá y charlando por la computadora con Lu – porque mi mamá es reacia a la tecnología y conmigo misma desde que tomé la decisión de alejarme- no lo aguanté más. Ya la situación de los médicos de Lu no la podía vivir más de lejos, ella me necesita… y vos lo sabes mejor que nadie.
¿No es así Lu? ¿No te hacía falta mamá?

Lucila con lágrimas en sus ojos y una furia incontenible tan solo la miró e hizo un gesto con la cabeza, como asintiendo, o algo así. Pero Gaby no le prestó atención… Siguió charlando.

Gaby:- Y bueno, entonces tuve que poner las cosas en la balanza. Yo estaba muy cómoda allá. Encontré esa paz que toda mi vida había estado buscando. Me arrepentí de no haberlo buscado antes, si así hubiese sido me hubiera ido con Lu cuando era chiquita. Ella se habría acostumbrado a estar allá. Cuando le conté mi decisión y le propuse que me acompañe, me contestó que ni loca dejaba su gente, sus estudios y su ciudad.

Lucila:- ¡¿Y más bien, que iba a hacer internada en la selva con vos sola?! Además… la abuela no se puede quedar sola, ¡no se como nunca pensaste en eso!

Nuevamente Gabriela no prestó atención… y continuó diciendo:

Gaby:- En fin, al atardecer de Piray recordaba a SODA, esa banda que siempre me volvió loca… Recordaba su frase “La ciudad de la furia”. Para mi Buenos Aires representaba eso, La ciudad de la Furia. Cero compañerismo, cero valores. La gente piensa en si misma… En Misiones se vive en comunidad. Todos somos iguales allá. Indígenas, polacos, alemanes, cordobeses, misioneros, porteños… Somos todos uno junto con la madre tierra.
Pero bueno, lamentablemente pasó esto con Lu, Dios sabrá porque le hace sufrir esta enfermedad y me tuve que volver –acá Gaby inició su llanto- yo no quiero estar acá, me hace mal. Pero debo cumplir mi rol de madre, Lu me necesita.

En ese preciso momento, una oleada de furia subió por el cuerpo de la adolescente. Y para nuestra sorpresa derramó con enojo la tasa de té que estaba bebiendo. Comenzaron a discutir en un tono que oscilaba la furia y el dolor. Lágrimas corrían por las mejillas de su hija, reprochando el abandono que sintió todos estos últimos años y la imposibilidad de independencia que le hizo sufrir su propio cuerpo. Imagínense las sensaciones de esta pequeña mujer. Sola en Buenos Aires, tratando de crecer y aprender a manejarse por la vida como adulta, a cargo de su abuela que no goza de buena salud y lejos de su madre, la cual encima ahora le reprocha su regreso.

A todo esto la abuela había estado escuchando detrás de la puerta y angustiada entró a la cocina para sumarse a los reproches y reclamos hacia su hija. Hablaba por encima de sus voces de este tema y de miles de conflictos familiares más. Y yo en el medio, me sentía culpable. Culpable por haber causado esta situación indirectamente, sin quererlo. Habría sido mejor visitarla mas adelante a Gaby, una vez que ella se haya reintegrado a su hogar.

Los utensilios seguían volando por la cocina y los reproches se acrecentaban, el clima era tenso. Y Lucila dijo las palabras finales que le dieron cierre a mi visita.

Lu:- Y mas bien ¡! ¿Como no te ibas a volver? ¡Tenía que ir a mil médicos por día, tomar cientos de remedios y hacerme un montón de análisis! ¿Qué pretendías que los haga sola? Encima la abuela no se puede ni mover… ¿Claro, es fácil darse media vuelta e irse no? ¿Eso es lo que me querías enseñar? Estoy muy en desacuerdo.

Gaby:- No seas así. A mi también me hizo muy mal estar lejos tuyo, pero no podía volver, ¡Buenos Aires no es mi lugar!

Lu:- Por favor, no seas hipócrita.
Y además… ¡Siempre hablando de “acá” y de “allá” como una estúpida como si el haberte ido a otro lugar te hubiera modificado la vida! ¡El cambio se genera dentro y no fuera. Date cuenta, no seas chiquilina. Ni yo te creo que allá estabas bien. Son dichos tuyos, estas todo el tiempo encubriéndote con tus malestares en vez de hacer algo al respecto ¡Me canse, no te soporto más!

Portazo…
Nos quedamos heladas... Mi amiga y yo… La abuela seguía quejándose de otras cuestiones y mi amiga me dijo con lágrimas en los ojos y temblores en el cuerpo luego de la acalorada discusión:

Ella:- ¿Viste? ¿Que te dije? ¿Ahora lo ves claro? ¡Esta chica esta mal, la tengo que sacar de acá! Es por esto mismo es por… ¡La ciudad de la Furia!







viernes, julio 11, 2008

-Planificación del trabajo final-

Planificación del relato final:

Mi relato final lo voy a desarrollar a partir del trabajo de la entrevista. Elijo este porque creo que es el que me brinda más posibilidades de desarrollo en cuanto a contexto histórico, reconstrucción de personajes, estilo, etc.

La primera versión de ese trabajo lo presenté en clase y recibí muy buenas devoluciones. Esas me han orientado en la planificación de la versión final, la cual va a ser preparada para el retorno a clases.

El testimonio lo tomé como inspiración para un relato ficcional. Este consta de un viaje de una mujer adulta a Misiones. Esta persona (Gabriela) se va a vivir con dos de sus cuatro hijos y con su marido a Puerto Piraí por una propuesta de trabajo hecha a su esposo.
Gabriela en la entrevista relata el encantamiento progresivo que fue teniendo con ese lugar, la nueva forma de vida que encontró y la posterior decepción con la que se encontró una vez que tuvo que regresar a Buenos Aires, su ciudad natal, por motivos mayores.

Las sugerencias hechas en clase fueron básicamente acerca de la reconstrucción del personaje/narrador que viene a reemplazar al de la entrevistadora original (yo) para transportarse al papel de la mejor amiga de Gabriela en el relato.

Principalmente voy a trabajar con este personaje de la amiga, logrando reconstruirlo, metiéndome en él, para lograr una mejor impresión y credibilidad del lector en mi relato.

Por otro lado voy a ver una película china sugerida por la profesora, “El club de la buena estrella” para enriquecer el conflicto de estas mujeres, sugiriendo una “historia 2” en cuanto al desafío del viaje de esta mujer y su situación interior.

Y como último ítem desarrollaré de forma más amplia el contexto en el cuál el recuerdo de Gabriela se desarrolla, que es justamente el del territorio de Misiones, ampliando las descripciones con información previamente analizada.

miércoles, junio 11, 2008

-Prefacio de Truman Capote-

"Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo... "

Truman Capote.

Me pareció muy buena esta ilustración de Capote en cuanto a su don de la escritura. Creo que es algo que nos sucede a todos, claro que a cada uno en un determinado ámbito.

Tener un don es sinónimo de tener un poder, y reconocerlo y entrenarlo es lo que uno debe hacer para sacarle todo el jugo posible. La cuestión es que lo podamos manejar y no que el don nos maneje a nosotros; es acá donde radica el doble filo del mismo planteado en esta frase. Capote logró este manejo, logro "dominar" su don para que le de satisfacción. O al menos es conciente de que debe hacerlo y pone sus energías en esto.

Fue aprendiendo con el tiempo, con los elogios y con las duras críticas de los demás. Se dio cuenta que de nada servía ser bueno en diferentes estilos literarios, si no que lo importante era poder armar un estilo propio aplicando todos sus conocimientos de cada uno en un nuevo escrito, y así sucesivamente.

martes, junio 10, 2008

-Relato a partir de un testimonio- La ciudad de la furia (versión I)

La Ciudad de la Furia.

Hacía unos días había llamado a mi vieja amiga de la infancia, a la cual no veía desde hace muchos años. Me enteré por casualidad que se había ido a vivir a Misiones porque su marido (ingeniero) tenía una buena propuesta de trabajo en ese lugar. Me afligió no haberla podido despedir. Pero nuevamente, gracias al “chusmerio” me avisaron que estaba de regreso en Buenos Aires.

Le pregunté si no quería que nos juntemos para contarme la experiencia de su viaje.
Estaba segura que iba a disfrutar compartir su relato conmigo, siempre fue muy charlatana. Mi idea era ir a algún barcito tranquilo para tomar el té. Pero me dijo que estaba llena de cosas para hacer, y que si me podía acercar a su casa.
Accedí. El compromiso era el martes por la tarde.

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Entre al particular hogar, siempre con su olor tan distintivo, que traía tantas imágenes del pasado a mi cabeza. Era la misma casa que yo frecuentaba desde pequeña. Había unos cuantos perros dando vueltas, la abuela cocinando como siempre y aunque parezca increíble, silencio… Creo que llegué en buen momento.
Esperándola ansiosa aproveche a tomar unos mates con su hija y con su madre (abuela y anfitriona del hogar) para ponerme un poco al tanto de las noticias. Ellas estuvieron presentes a lo largo de toda nuestra conversación.
Durante la espera, en mi mente se apretaban las 1.000 y una preguntas posibles para hacerle a mi amiga. Pero me dije… tranquila no pienses tanto, si viniste acá a escuchar.
Estos encuentros generan un poco de ansiedad. Después de tanto tiempo uno se preocupa acerca de lo que el otro pensará de uno mismo, ¿me verá rejuvenecida o más demacrada? ¿Tendremos tema de conversación? ¿Estará muy distinta?
Sencillamente: me asechó el sentimiento de la incertidumbre. ¿Sería posible que después de tantos años nuestra amistad siga funcionando? Para mi este encuentro era importante, estaba pasando por un mal momento personal y me sentía mas sola que nunca. Tenía la esperanza de que este reencuentro me facilite una compañía, alguien con quien compartir mis tristezas.
A la media hora llegó. Cansada, hastiada de tanto trabajo y responsabilidades, discutiendo con la nena mas chica. Por la cara de sorpresa comprendí que había olvidado nuestro encuentro; de todas formas rápidamente se puso a acomodar todo y colocó la pava en el fuego, como en los viejos tiempos.
Nos sentamos, una enfrente de la otra, nos miramos, nos examinamos, nos reconocimos, notamos nuestros cambios y similitudes. Fueron cinco segundos, o tal vez muchos menos, pero pareció toda una eternidad. Nos paramos y abrazamos, fue instantáneo.
El agua para el mate estaba lista. Y para no perder el tiempo e irnos por las ramas la apuntalé directo a la pregunta que me había servido de excusa para estar allí. Le pregunté acerca de su viaje. A lo largo de su relato se generó en mí una situación muy particular, su pasión al relatar la experiencia vivida me hizo sentirlo, casi como si estuviera allí.

Ella:- ¿El viaje? Bien, excelente. Inolvidable. Guardo los mejores recuerdos.

Yo:- ¿Y porque esa decisión tan apresurada de dejarlo todo para ir a un lugar completamente diferente como supongo que es Misiones?...

Ella:- Mira, no se, estaban muy mal las cosas acá, vos sabes que siempre le tuve miedo al desarraigo, a alejarme de mi familia, pero creo que fue la oportunidad para irme lejos, y tratar de alejarme un poco de los problemas de “acá”. Me animé, fue eso… Me animé

Yo:- ¿Y con los chicos como hiciste? ¿Dejaron todas sus cosas acá y se fueron?

Ella:- No, me llevé a los dos más chicos. Los dos más grandes se quedaron acá con mamá. No estaban dispuestos a dejar sus estudios ni su gente. Fue difícil, que se yo.
Encima jamás me imagine ir justo a esa provincia. Antes de irme pensaba en los bichos, las serpientes, el calor y no quería saber nada. Pensá que “allá” el clima, la flora y la fauna es de selva amazónica y bosque subtropical. Pero cuando llegué enseguida todos esos miedos se me fueron. El pueblito llamado Puerto Piray era nuestro nuevo hogar. Ahí estaban las casas destinadas a los trabajadores de la empresa Alto Paraná S.A. donde fue a trabajar mi marido y éstas quedaban distribuidas en la base y cima de un cerro. Impresionante.
Por primera vez en mi vida descubrí la naturaleza, si, a mis 40 y largos. Nunca te aburrías, siempre había algún arrollito, algún nido de tucanes, limoneros, mangos. De todo.

(A todo esto ya se percibía un clima pesado. Las miradas de su hija eran fulminantes desde que había empezado el relato. Lo noté enseguida, pero no entendí porqué.)

Yo:- ¿Y la gente? ¿Que tal la gente del lugar?

Ella:- Muy diferente la gente de “allá” de la de “acá”. “Acá” estamos en quinta todo el día. “Allá” arrancan a la mañana en tercera y después del mediodía bajan a segunda o primera. Es otro ritmo. Y mis relaciones con la gente fueron de todo tipo y en todo ámbito. En Misiones retomé mi trabajo como maestra y conocí mucha gente. Mucha. De todos lados, ya sea gente nativa de la zona, gente en la misma situación que nosotros, es decir... radicados allá por laburo. Y bueno la mezcolanza es importante. Hay mezcla de cultura aborigen con cultura polaca y alemana. En el pueblo la gente es pobre, pero no indigente, no se mueren de hambre porque son ricos.

Yo: No te entiendo.

Ella:- Claro, tienen la tierra y el conocimiento. Esa es su riqueza. Vos cualquier cosa que tiras al piso crece. Todo crece. Y se curan, se curan sin médicos ni cosas sofisticadas. Se curan con sus plantas medicinales. Y de los alemanes y polacos tienen la herencia de las chacras propias. Todos tienen su espacio para sembrar y cosechar lo que se les de la gana. ¡En ninguna casa falta la mandioca!
Lo que si se perdió fue la pesca. Con toda esta cuestión de las papeleras arruinaron el Paraná. Es muy común ver a los chicos con sarpullidos y cosas raras en la piel. A mi misma me paso con el nene. Que desastre. Pero esa no es la gente viste… ¡Son ellos!

Yo:- ¿Ellos quienes?

Ella:- Los políticos, los empresarios… Hacen plata a costa de la salud de la gente. Horrible. Pero viste… Todo vuelve.

Yo:- ¿Y que pasó? ¿Por qué volviste?

Ella:- Mira… La que más se había adaptado fui yo. Para mi eso era el paraíso. Nunca pensé que el contacto con la naturaleza podía ser tan placentero y hermoso. Fue una experiencia inolvidable, recién ahí me di cuenta de que en Buenos Aires estamos muy lejos de poder vivir esas cosas. Además, vivía tranquila. Sin ruidos. Me asomaba por la ventana y veía el cerro, los arroyos, el río. Nada de escuchar el 21 ni el 60. Los chicos se manejaban solos, era todo tan seguro que no hacía falta levantarme para ir a buscarlos. Me olvidé de los relojes. Completamente. El día lo marcaba el sol y el calor. A la tarde si o sí parabas, el calor te exigía parar.
Pero mi marido y los chicos no se adaptaron muy bien. Mi marido extrañaba la ciudad, ir al cine y los chicos extrañaban a sus hermanos y al resto de la familia.
Yo me fui muy desencantada, muy decepcionada de la gente de “acá”. Siempre tengo en la cabeza la imagen de Buenos Aires como dicen los de Soda, La ciudad de la Furia. Para mi Buenos Aires se había convertido en eso. En la ciudad de la furia.
A pesar de todo esto, en Misiones, las cosas funcionaban bien, hasta que mi hija más grande se enfermó.

(La hija pone una postura erguida y escucha atentamente, aumentando su tensión.)

Ella:- Se enfermó muy grave de la vista, ahora ve muy poquito y mi mamá sola no podía con la situación. Ella ya esta muy grande para estos sobresaltos… Así que me tuve que volver. Si no hubiera pasado lo de mi hija me quedaba. Pero las cosas salieron así. Yo me tendría que haber dado cuenta antes, me tendría que haber ido cuando mis hijos eran chicos todavía.

En ese preciso momento, una oleada de furia subió por el cuerpo de la adolescente. Y para nuestra sorpresa derramó con enojo la tasa de té que estaba bebiendo. Comenzaron a discutir en un tono entre furioso y angustiado. Lágrimas corrían por las mejillas de su hija, reprochando el abandono que sintió en ese momento y la imposibilidad de independencia que le hizo sufrir su propio cuerpo.
A todo esto la abuela angustiada hablaba por encima de sus voces de este tema y de miles de conflictos familiares más. Y yo en el medio, me sentía culpable. Culpable por haber causado esta situación indirectamente, inconscientemente.
Los utensilios seguían volando por la cocina y los reproches afloraban.

Hija:- Y mas bien ¡! ¿Como no te ibas a volver? ¡Tenía que ir a mil médicos por día, tomar cientos de remedios y hacerme un montón de análisis! ¿Qué pretendías que los haga sola?
Y además… ¡Siempre hablando de “acá” y de “allá” como una estúpida como si el haberte ido a otro lugar te hubiera modificado la vida! ¡El cambio es interior, no exterior! Date cuenta, no seas chiquilina. Ni yo te creo que allá estabas bien. Son dichos tuyos, estas todo el tiempo encubriéndote con tus malestares en vez de hacer algo al respecto ¡Me canse, no te soporto más!

Portazo…
Nos quedamos heladas... Mi amiga y yo… La abuela seguía quejándose de otras cuestiones y mi amiga me dijo con lágrimas en los ojos y temblores en el cuerpo luego de la acalorada discusión:

Ella:- ¿Viste? ¿Que te dije? ¿Ahora lo ves claro? ¡Esta chica esta mal! Es por esto mismo es por… ¡La ciudad de la Furia!

lunes, junio 09, 2008

-Respuestas de "Río arriba"-

Guía de trabajo y consignas de escritura: “Río arriba”

1. ¿Qué motivos característicos del relato de viaje están presentes en Río Arriba?

2. ¿Qué características tiene el narrador de este relato? ¿A qué destinatario se dirige?

3. Describir el recorrido del Ulises de Río Arriba en términos de lo que Joseph Campbell define como el itinerario del héroe mítico (Cf. Viaje y narración, páginas 9 y 10). ¿Con qué fuerzas debe enfrentarse? ¿Qué clase de “victoria” alcanza al final de su aventura?

4. ¿De qué materiales se vale el narrador para reconstruir la memoria de Iruya y de los ingenios azucareros?

Respuestas:

1. Monteleone hace referencia al relato de viaje como: “…el relato de viaje es, básicamente una forma narrativa: a menudo se sirve de la crónica para sugerir la inmediatez de la mirada y la sensación, pero también del ensayo para preservar sus rodeos especulativos… “

Esto es justamente lo que vemos en “Río Arriba”, el motivo del relato de viaje de Ulises es el de ir al lugar como un buen cronista en busca de toda la información posible para luego plasmarlo mediante su película con su interpretación de las situaciones.
Él va a los lugares a vivir su crónica y va juntando un montón de vivencias y de situaciones las cuales enriquecen de manera cuasi natural su relato, acercando a los espectadores a la verdadera historia de los ingenios azucareros.

2. La característica principal de este narrador es que es protagonista. El esta ligado a la historia que narra ya que su bisabuelo Don Manuel de la Orden, fue el hombre que llevó adelante el ingenio San Isidro.
En primera instancia Ulises rescata la historia de su bisabuelo en donde nos cuenta las etapas por las que fue pasando para llegar a su última escala. En un primer momento fue peón luego de haber llegado a sus 9 años solo de Europa. Con el tiempo paso a ser dependiente en un almacén de ramos generales, y finalmente con mucho esfuerzo y sudor se convirtió en el propietario del Ingenio San Isidro.
Avanzando en el relato, Ulises, toma distancia de las hazañas de su bisabuelo para mostrar que en verdad detrás de sus triunfos hay una codicia desmedida y un falso progreso a costa de sus pares, los habitantes de Iruya. Es decir, comienza con las reflexiones para acercarnos a la “historia 2”.
Finalizando la proyección, Ulises dice que siente que el paso de su familia por el ingenio lo compromete con la historia de los zafreros de Iruya al punto de conmoverlo cuando tuvo la posibilidad de admirar sus arquitecturas milenarias.
Con respecto al destinatario, el se dirige a todas aquellas personas que estén interesadas en recorrer junto a él la verdadera historia de los ingenios azucareros. En varias oportunidades aclara que, a lo largo de la historia, en las escuelas y en los medios jamás se ha publicado el estilo de vida de los zafreros, de sus paupérrimas condiciones de higiene, salud, explotación, etc.

3. Con respecto al itinerario de viaje del héroe mítico, Campbell lo describe con el esquema de separación-inicio-retorno. El recorrido de Ulises paralelamente se adecua a este esquema cuando intenta separarse de la idealización de su bisabuelo y se adentra en la realidad de la comunidad koya. Para ver la verdadera cara de las cosas debió dejar de lado sus ancestrales sentimientos de afecto con su bisabuelo y, desde una postura muy madura, recorrer los espacios y recuerdos de esta comunidad. Así es como fue iniciando su travesía…
Al momento del cierre, del retorno, Ulises concluye con la reflexión de que si bien fue muy honroso el duro trabajo que había realizado Don Manuel de la Orden, esto lo realizó a costas de la destrucción de las terrazas de cultivo de los koyas –expropiándolos de sus viviendas por no tener el título de propiedad- las cuales le brindaban su subsistencia. Esta última fue la victoria que nuestro narrador logró alcanzar al final de su aventura.

4. La memoria de Iruya es reconstruida por Ulises a partir de varios elementos:
-Mapa: El mapa que muestra al principio del documental.
-Visita a los tíos abuelos: El hombre aporta el dato de que a él lo emplearon en la proveeduría del ingenio San Isidro en el año 1923. Su familia en la cena explica las malas condiciones en las que los koyas eran tratados.
-Cortometrajes y publicidades de la época: Hace una selección de publicidades que se daban en los momentos de auge de los ingenios azucareros, mostrándolos como el orgullo nacional.
-Visita a Pepe: Hombre que fue a trabajar a la zona a sus 18 años. Se encargó de fotografiar el antes y el después de las terrazas de cultivos atacadas por los “Volcanes” (cuando llovía, y por la destrucción de las terrazas, el agua bajaba de las laderas arrastrando con fuerza grandes cantidades de lodo que enterraban los cultivos e incluso algunas viviendas). Pepe mismo dice que en la educación escolar la realidad no se enseñaba.
-Visita al Ingenio San Isidro: Uno de los encargados del ingenio le hace una visita guiada a Ulises explicándole la historia de los inicios del Ingenio, su quiebra del 93’ y la posterior reapertura por el grupo PROSAN en el 2000. Le enseña las maquinarias e instalaciones.
-Visita al ferroviario: Ulises visita a un hombre que en la época del auge del Ingenio era el encargado de manejar el ferrocarril, transporte que hacía posible la comercialización del azúcar. Con tristeza el hombre recuerda aquellas épocas en las que, según él, se vivía mejor.
-Testimonio del Iruyano Bernabé: Este hombre actualmente vive en la ciudad, pero cada vez que puede regresa a su pueblo natal, porque “allá abajo” se vive mal, solo importa el dinero. En cambio la cultura de su pueblo le ha enseñado que lo importante es la solidaridad y la magia de la naturaleza.
-Visita a Guitierrez, productor de ponchos: Dentro de Iruya visita a este hombre, quien antes ha trabajado junto con su esposa como zafrero en San Isidro. Ahora se dedica a la fabricación de ponchos. Este hombre le da a Ulises aún mas detalles en cuanto a la explotación de los zafreros y le reconoce que prefiere el estilo de vida que lleva actualmente.
-Testimonio del tío de Bernabé: Hombre que ha trabajado como zafrero durante más de 30 años. Utiliza una frase que ejemplifica su hastío de la época de la zafra: -“Todo el día meta meta hachazo, meta tragar cenizas”. El hombre decía que no eran esos tiempos como los de ahora, no existía la jubilación, las vacaciones, la obra social, ni nada. Incluso en varias ocasiones la gente trabajadora de la zafra desaparecía, y estas desapariciones eran otorgadas al “familiar”.
-Camino a las terrazas: Finalmente Ulises decide ver las cosas con sus propios ojos y emprende su viaje a las antiguas terrazas de cultivo. En el camino se detiene en una escuela para reponer energía, y allí sigue con sus testimonios que le abren más y más su perspectiva de que fue lo que realmente sucedía en los ingenios.
-Fotos de su abuelo: Tanto al principio como al final de la proyección, Ulises muestra fotos de su bisabuelo, cuando este manejaba el Ingenio.
-Fiesta de la Virgen del Rosario: Acá finaliza el recorrido de Ulises, de esta fiesta rescata la ceremonia de los “cachis” en donde el personaje mítico del negro tiene dos significados – uno para los católicos y otro para los indígenas. En el primer caso representa la maldad, pero en el segundo personifica al resguardo de la cultura, esa cultura milenaria y poderosa que por más que ha querido ser abatida y destruida por los hombres blancos, perdurará en sus raíces por siempre.